Ty Gibson – Ordenación de la Mujer: ¿Es la Iglesia libre de actuar?

El Dios de la Biblia delega, no controla. Él les ha confiado a sus hijos con el poder de tomar decisiones. Dios no está obsesionado con el control, sino más bien es un amante de la libertad.

Adán y Eva recibieron “dominio” sobre el mundo que Dios había hecho para ellos (Génesis 1:26-27)

Al darse cuenta de este arreglo serio y glorioso, David proclamó:

“Los cielos le pertenecen al SEÑOR, pero a la humanidad le ha dado la tierra.” (Salmos 115:16)

Esta es idioma de delegación.

Dios es amor. Por lo tanto, Dios ha diseñado un mundo en el cual la forma más elevada de libertad está manifestada en auto-gobierno justo. Es desde esta realidad fundacional que Dios impulsa a su pueblo a actuar y es glorificado por su libertad cuando es ejercida responsablemente.

EL PUEBLO PIENSA Y DESARROLLA PLANES

La administración de Israel era más de lo que Moisés podía manejar. Jetro, su suegro, se le acercó y le dijo: “Oye bien el consejo que voy a darte, y que Dios te ayude.” (Éxodo 18:19). Después él sugirió un sistema organizacional que involucraba nombrar líderes sobre grupos de 1000, grupos de 100, grupos de 50 y grupos de 10 (Éxodo 18:13-27). A Moisés aparentemente le gustó la idea. La estructura organizacional de Jetro fue implementada, y Dios no tuvo problemas con ello. Lo que es tan destacado en este relato en su simplicidad es que Jetro usó su cerebro para pensar un plan sensato de organización que satisficiera la necesidad en cuestión, y él estaba confiado que a Dios le gustaría su plan.

Este es el punto crucial que debemos comprender en este momento: la Biblia describe lo que Jetro y Moisés hicieron, pero no prescribe lo que ellos hicieron para todos los tiempos y la eternidad.

“…Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros…”

Cientos de años más tarde, los miembros de la  iglesia del Nuevo Testamento vieron la necesidad de una estructura organizacional en su situación. Así que ellos vinieron con el sistema de “diáconos” (Hechos 6:1-7). Pareciera que ellos dieron en el clavo y, una vez más, Dios no tuvo problemas con ello. Alguien pudo haber dicho: “¡Esperen un minuto! ¿Dónde está el sistema de diáconos en la Biblia? Ajá, No está ahí, así que no podemos implementarlo. Necesitamos seguir la Biblia, y la Biblia dice que Moisés estableció líderes sobre 1000, sobre 100, sobre 50 y sobre 10. Necesitamos ser fieles a la Escritura”

Pero nadie dijo una cosa así porque ellos estaban tan preocupados en cumplir con el trabajo que Dios les había dado para que hagan –comunicarle el evangelio al mundo a toda prisa.

¿Estaban ellos desobedeciendo el sistema del Antiguo Testamento creado por Jetro y Moisés? No. En principio, ellos estaban haciendo lo mismo que Jetro y Moisés hicieron -usar sus cerebros para crear un sistema organizacional- aunque, en la forma, su sistema era diferente al que Jetro y Moisés crearon. Ellos simplemente necesitaban una estructura organizacional, así que crearon una.

Cuando la Iglesia del Nuevo Testamento  estaba enfrentando el problema de ciertos individuos que insistían que los nuevos conversos del mundo gentile debían ser circuncidados en obediencia a la Biblia, un grupo de hermanos al que nosotros llamamos “Concilio de Jerusalén” –otra innovación organizacional que la iglesia creó- sencillamente pensó, oró y estudió minuciosamente, y decidió ya no realizar la circuncisión, mientras que dejaba que aquellos que insistían con la circuncisión continuaran con ella. Y observen como ellos llegarón a esa decisión: ““…Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hechos 15:28)

Ese es el idioma de la colaboración.

“TODOS LOS MEDIOS QUE, DE ACUERDO AL SANO JUICIO, AVANZARÁN LA CAUSA DE LA VERDAD, Y QUE NO ESTÉN PROHIBIDOS POR CLARAS DECLARACIONES DE LA ESCRITURA, DEBÉN SER EMPLEADOS”

Avancemos a nuestro tiempo. Nuestros pioneros formularon un sistema organizacional que incluye Asociaciones, Uniones y Divisiones. En realidad, ellos lo tomaron prestado de otras iglesias protestantes que crearon estos sistemas cuando necesitaban uno después de salir del catolicismo. Para nada de esto está en la Biblia. ¿Por qué, entonces, nuestros pioneros se sintieron libres de crear un sistema organizacional “no bíblico” tal?

Porque mientras que no es expresamente bíblico, tampoco es anti-bíblico.

En realidad, cuando lo pensamos, se nos ocurre que el sistema que nuestros pioneros adventistas crearon está en armonía con la Biblia en un sentido más elevado en que el Dios de la Biblia impulsa a su pueblo a pensar, actuar, crear y ejecutar la misión que Él les ha dado con la libertad de descifrar cada paso sin que se les diga que hacer a cada paso.

Cuando algunas personas, que se sienten confinadas por las descripciones de la Biblia de lo que otros han hecho, criticaron a nuestros pioneros por ciertos pasos que hicieron al implementar sistemas “no bíblicos”, James White tuvo que decir esto:

“Si se pregunta ¿Dónde están los textos claro de la Escritura para poseer propiedad de la iglesia legalmente? Nosotros respondemos: La Biblia no provee ninguno, ni tampoco nos dice que tenemos que tener un periódico semanal, ni imprentas, ni que debemos publicar libros, construir lugares de adoración ni enviar nuestras tiendas [evangelísticas]. Jesús dice “Dejen que su luz brille delante de los hombres”, etc. Pero no nos da los detalles de cómo debemos hacerlo. A la iglesia se le dejo [la tarea de] avanzar en la gran obra, orando por la guía divina, actuando según los planes más eficientes para su logro. Creemos que es seguro ser gobernados por la siguiente REGLA: Todos los medios que, de acuerdo con el sano juicio, avanzarán la causa de la verdad, y no estén prohibidos por claras declaraciones de la Ecritura, debén ser empleados” (James White, Review and Herald, 26 de Abril de 1860)

¡Asombroso!

¡Y notablemente sensato!

Si tomamos la Biblia en serio, y discernimos en ella al Dios de gracia con el que estamos tratando, pronto concluiremos que Dios es feliz cuando su pueblo piensa más allá, pero nunca en forma contraria, de la Escritura. Y entiendan esto: Jesús se comprometió a sí mismo a servir los planes que su pueblo pueda crear para avanzar su Reino:

“Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.” (Mateo 18:18)

Dios se complacerá en nosotros a implementar los principios de la Escritura para crear planes creativos que no están mencionados en la Biblia, para poder avanzar el evangelio. Él nos ha abierto las puertas para que desarrollemos sistemas que nos servirán en nuestras circunstancias y necesidades.

¡Dios, el delegante!

¡Dios, el impulsor!

¡Dios el compañero cooperador!

¡Que Dios increíble!

LIBERTAD ECLESIÁSTICA

Esto es a lo que algunos eruditos adventistas se refieren cuando dice que la ordenación de la mujer es un asunto de eclesiología antes que de teología. En otras palabras, dado que la Biblia no expresa un mandato definitivo ni a favor ni en contra de la ordenación de la mujer, la iglesia es libre de hacer lo que le parezca mejor en el asunto del avance del evangelio. Si la iglesia evalúa su situación y decide que más personas pueden ser ganadas al tener mujeres pastoras, dado que no hay ningún principio moral que se viole al hacerlo, y dado que no hay nada que la Biblia nos diga que no debemos, la iglesia es libre de hacerlo.

El tenor de la Escritura, y particularmente la imagen del carácter de Dios pintado en las páginas sagradas, nos guiará a creer que la iglesia es libre de pensar y actuar dentro de los amplios parámetros de la ley y el evangelio. Tenemos toda la razón al creer que Dios está complacido cuando leemos su palabra, asimilamos sus principios, y proponemos formas y medios para expandir esos principios en una miríada de formas efectivas de alcance evangelístico y servicio

Dios no quiere robots ni esclavos. ¡Él está buscando compañeros creativos que están tan apasionados por él y su evangelio que están dispuestos a pensar en nuevos métodos, tomar riesgos, y avanzar con métodos no intentados!

No debe haber duda, para aquellos que están familiarizados con nuestra propia historia como pueblo, que nuestros pioneros eran personas así. James White estaba casi siempre a la vanguardia de la innovación y del pensamiento fuera-de-la-caja. Su esposa, Elena de White, estaba a favor sin ambigüedades de este espíritu bien pionero. Ellos fueron, después de todo, bien pioneros. ¿Y qué es un pionero? “Una persona que está entre los primeros en alcanzar y desarrollar una nueva área de conocimiento o actividad”

Es verdad, no hemos ordenado mujeres antes. Pero ahora vivimos en un mundo con muchos millones de personas que pueden estar receptivas al evangelio si lo encuentran, digamos, a través de una mujer pastora. ¿Así que por qué no le damos al mundo un punto adicional de contacto con Jesús? La Biblia en ningún lugar nos dice que no podemos. Nuestra propia profeta moderna en ningún lugar nos dice que no podemos. Así que ¿por qué no ejercemos nuestra libertad ordenada por Dios y hacemos cualquier cosa que vemos que puede ser de ventaja para la causa de Dios sobre la tierra?

Como mencioné previamente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene Asociaciones, Uniones y Divisiones. Nada de esto está en la Biblia. Pero está bien. El principio del orden está en la Biblia, y ese principio puede tomar varias formas. En nuestra situación particular, una estructura organizacional tomó una forma que incluía Asociaciones, Uniones y Divisiones. Y funciona bien. Pero no hay nada de santo o sagrado acerca de este diseño particular o forma de nuestro sistema.

Tomemos la ordenación misma como ejemplo. En ningún lugar de la Escritura podemos encontrar una justificación explícita de nuestro método particular o criterio para la ordenación pastoral. Al “ordenar” nosotros básicamente decimos algo como que “esta persona ha satisfecho ciertos estándares educativos y profesionales”. Ahora que quede claro: eso no es lo que se dijo o hizo cuando los ancianos o diáconos fueron ordenados en la iglesia apostólica.

Pero volvamos al matriz actual en el cual estamos persiguiendo nuestra discusión actual. ¿Qué, entonces, estaba pasando en la iglesia apostólica cuando se ordenaba a alguien? La respuesta es algo así: “Nosotros, como iglesia, vemos los frutos y la unción del Espíritu en esta persona. Creemos y oramos para que Dios lo prospere en su misión de llevar el evangelio al mundo”

Pero hay más. Y no nos perdamos esta parte, porque nadie parece estar hablando de esto: ara poder ser ordenado como un pastor globalmente reconocido en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, tu debes ser un empleado. Grabémonos eso. Nuestro método particular de ordenación, cuando se trata de un pastor globalmente reconocido, es básicamente educativo, profesional y basado en la carrera dentro de una organización empleadora llamada la Iglesia Adventista del séptimo Día. Una vez más, esto está tangencialmente relacionado a lo que pasaba en la iglesia apostólica.

Y aún así lo hacemos.

¿Pueden ver el punto? Lo que nosotros llamamos “ordenación” en nuestro contexto eclesiástico moderno significa una clase de cosa, pero ciertamente no se parece mucho a los que pasaba en la iglesia apostólica. ¿Eso hace que nuestro sistema sea malo? No, no necesariamente. Solo lo hace lo que es: nuestro sistema particular. El hecho es que nos hemos acostumbrado a la palabra cuasi-bíblica “ordenación” para describir un modo moderno de operación, y eso ha creado una situación inusual en la cual muchos bien intencionados, adventistas del séptimo día modernos, asumen que están defendiendo un modelo bíblico de “ordenación” cuando, en realidad, ¡muy poco de nuestra versión de la “ordenación” es realmente bíblica después de todo!

Pero está funcionando, en la mayor parte, y eso es algo bueno. ¡Alabado sea Dios!. Así que esta es la cuestión que estoy planteando: ¿Es la iglesia libre de hacer lo que considere mejor para el avance de la iglesia en tanto opere dentro de los principios de justicia?

Si, si, mil veces si.

Nuestra inclinación es pensar que Dios nos da parámetros y dictados rígidos, mientras que la inclinación de Dios es la de darnos libertad de evaluar nuestra situación y realizar planes inteligentes. La iglesia es libre de actuar, y Dios está feliz con nuestra libertad y soluciones creativas que proponemos para los problemas del mundo real que enfrentamos. Pero esto nos lleva al centro teológico de lo que estamos tratando como pueblo.

LA IMAGEN DE DIOS

Como siempre, todo nos lleva a nuestra imagen de Dios. ¿Percibimos a Dios como un Dios cuyo carácter esencial es amor, y del cual fluye la gloria de la libertad, del cual surge la necesidad de los seres humanos de pensar cuidadosamente su situación y actuar dentro de los principios y el espíritu del evangelio? ¿O vemos a Dios como alguien que emite reglas estrictas con las cuales Él simplemente demanda obediencia y si Él no dice nada de un tema, Él quiere que no hagamos nada? ¿Es la voluntad suprema de Dios  que seamos un pueblo de auto-gobierno justo un de exactitud mecánica?

Lo que vemos en la Escritura es que donde sea que el evangelio no es correctamente entendido y experimentado, los seres humanos se sienten más cómodos operando dentro de parámetros estrechos de restricción.

Piensen en Israel vagando en el desierto mientras Canaán estaba apenas un poco más allá (Números 14)

Piensen en los fariseos, colando mosquitos y tragando camellos en la presencia del Señor de la libertad (Mateo 23)

Piensen en el partido pro-circuncisión en Hechos, determinados a que todos obedezcan las demandas “bíblicas” (Hechos 16)

Piensen en la iglesia en Galacia, invadida por los judaizantes que estaban quitando su libertad en Cristo e intentaban llevarlos a la esclavitud (Gálatas 2:4)

Todos nosotros, por naturaleza, somos hijos de la esclavitud (Gálatas 4). Estamos inclinados a vivir en una forma de esclavitud u otra para evadir la seria responsabilidad que implica nuestra libertad (Gálatas 5:1-6). Y así nos paseamos adentro de una jaula abierta, haciendo preguntas como ¿Qué tenemos permitido hacer y qué no tenemos permitido hacer?, en vez de hacer preguntas como ¿Cómo podemos aplicar más efectivamente los principios de verdad y justicia para el avance del reino de Dios, ara alcanzar a tanta gente como sea posible, tan rápido como sea posible, con el conocimiento del hermoso amor que Dios les tiene?

Lo que como pueblo necesitamos más que cualquier otra cosa que un diluvio santo de predicación del evangelio, una lluvia de perspicacia de la gracia de Dios, un derramamiento del amor de Dios sobre nuestros corazones. Necesitamos un re-bautismo colectivo, corporativo en el poder del Espíritu Santo, una inmersión teológica en la verdad vivificadora de la justicia de Cristo. Necesitamos ser revolucionados y radicalizados y reorganizados por el libre y libertador don de su justicia.

“sé que nuestras iglesias mueren por falta de enseñanza acerca de la justicia por la fe y otras verdades.” (Elena de White, Obreros Evangélicos, p. 316)

“Es precioso el pensamiento de que la justicia de Cristo nos es imputada, no por ningún mérito de nuestra parte, sino como don gratuito de Dios. El enemigo de Dios y del hombre no quiere que esta verdad sea presentada claramente; porque sabe que si la gente la recibe plenamente, habrá perdido su poder sobre ella.” (Elena de White, Obreros Evangélicos, p. 161)

Nuestro paralizante sentido de restricción es un síntoma de lo que Elena de White llamó “la rutina de la religión legalista” (Carta 10ª 6 de Abril de 1892 a Stephen Haskell). Hemos estado atrapados en esa “rutina” por más de 100 años. En diciembre de 1888, pensando de nuevo en el Congreso de la Asociación General en Minneapolis de ese año, Elena de White reflexionó con tristeza:

“¡Qué poder debemos tener de Dios para que los corazones fríos, que tienen sólo una religión legal, vean las cosas mejores provistas para ellos: Cristo y su justicia!” (Mensajes Selectos, tomo3, p. 201)

Aquí ella discernió las dos fuerzas que estaban en contra una de la otra dentro del adventismo: la religión legalista versus Cristo y su justicia.

Cuando se llega al grado en el que el evangelio es entendido e internalizado, la inclinación de garantizar la libertad a otros fluirá en el alma. De la misma manera, cuando se llega al grado en que el evangelio no es entendido ni internalizado, la inclinación por imponer las perspectivas religiosas de uno se incrementarán. “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Y donde el Espíritu del Señor no está, hay restricción y control.

El principio central que yace en el corazón del Mensaje de los Tres ángeles es la libertad de conciencia y libertad de religión. En todos los asuntos relacionados a Dios, el alma debe permanecer libre y móvil bajo la influencia transformadora de la gracia de Dios trabaja del interior hacia el exterior.

Es por este motivo que los pioneros del Movimiento Adventista se resistían a la formulación de un credo por el cual sus compañeros creyentes pudieran ser juzgados fieles o infieles.

Mientras el movimiento maduraba y se desarrollaba, se volvió claro que era aceptable y ventajoso identificar una serie básica de creencias fundacionales que definan la teología de los Adventistas del Séptimo Día. Pero incluso entonces, hemos deliberadamente escogido no considerar estas creencias fundamentales como un credo. El punto de establecer una serie de creencias fundamentales es para establecer parámetros teológicos definidos que permitan la máxima cantidad de libertad, así creando un ambiente que conduzca al estudio personal, el crecimiento y la explosión evangelística.

¡El exceso de ajustes detallados convertirán el cuerpo viviente de Cristo en un robot mecánico sin vida!

VOTA LIBERTAD

Con el actual debate sobre la ordenación de la mujer, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha llegado a lo que parece ser una encrucijada en la cual nuestro auto-entendimiento eclesiástico básico se moverá en dos direcciones: hacia el principio central de la libertad que es inherente al evangelio o hacia el principio centra de control que es inherente a los sistemas religiosos caídos de nuestro mundo. Francamente, el asunto de si las mujeres son ordenadas dentro de la Iglesia Adventista del séptimo Día es un asunto pequeño comparado con si la tendencia a restringir y controlar gana en la próxima votación.

Alguien recientemente me dijo: “Si la Iglesia le permite a cada división decidir si puede o no ordenar mujeres, entonces nosotros estaríamos dejando que todos “hagan lo que les parece que es correcto” y no deberíamos permitir eso ¿verdad?”

Mi respuesta fue: “Por supuesto que deberíamos, en lo concerniente a todo, excepto a la herejía y el pecado”

Él me miró shockeado por un segundo, y luego el sentido común tomó el control y dijo: “Mm, si, eso tiene sentido. Supongo que no necesitamos reglas sobre todas las cosas ¿verdad?”

“No”, le dije, “lo que necesitamos es que el evangelio puro de la gracia gratuita de Dios y que el Espíritu Santo nos llene. Bajo esa influencia nos enamoraremos profundamente del Salvador y desearemos hacer solo aquellos cosas que esparcirán su fama sobre todo el mundo”

Por supuesto hay líneas que el cuerpo corporativo no puede permitir que sus miembros crucen mientras permanezcan en la membresía: cosas como el pecado sexual, robo, asesinato y apostasía de las verdades doctrinales fundamentales de la Escritura. Pero más allá de los parámetros acordados de lo que constituye la ortodoxia doctrinal y las prácticas morales, la iglesia no debería involucrarse en dictar como sus miembros viven y comunican su fe. Una vez que la esencia básica de las creencias y prácticas de la iglesia son definidas, la forma exacta que la esencia toma debería ser dejada a la expresión individual, hermosa y creativa inherente de la diversidad humana.

Y dentro del marco de la política eclesiástica, cuando enfrentamos la decisión de votar a favor de la restricción o de la libertad en lo relacionado a asuntos que no involucran herejía o pecado, ¡los cristianos deberíamos siempre votar en favor de la libertad!

Como creyentes en el evangelio deberíamos inclinarnos hacia la libertad, dando todo el espacio posible para que el pueblo de Dios actue bajo la influencia del Espíritu de Dios. Deberíamos permanecer en clara y oposición a cosas como el asesinato, la inmoralidad sexual, el robo, el abuso doméstico, la codicia, la opresión, la arrogancia, y el chisme, y deberíamos abstenernos de dictar reglas universales para restringir a aquellos que sienten el llamado de Dios para el ministerio.

Grabémonos esto profundamente: hay algunos entre nostros que se sienten llamados al ministerio evangélico como una vocación profesional, que están ansiosos de dedicar sus vidas a predicar el evangelio, plantar y pastorear iglesias, estudiar la Escritura y compartir lo que descubren, ministras a los adictos y a los oprimidos, visitar a los enfermos y a los encarcelados, equipar e impulsar a los santos, y mucho más. Ellos están apasionados por bautizar en el nombre de Jesús y esparcir el conocimiento de su amoroso carácter… y nosotros estamos considerando votar que ellos no puedan ser separados para este llamado mediante el mecanismo de reconocimiento oficial de su propia iglesia: la ordenación.

Pero piensa en esto cuidadosamente. Incluso si tu crees que ordenar mujeres para el ministerio evangélico no es lo ideal, seguramente puedes ver que es mucho menos ideal perder la confianza de muchas mujeres, hombres y jóvenes que se encuentra con una regla contra la ordenación de la mujer que solo pueden percibir como estrecha, exigente e insensible. Ciertamente, en ausencia de una prescripción o proscripción bíblica expresa acerca de la ordenación, e mejor ser clemente y de corazón abierto, y extender nuestra afirmación a nuestras hermanas, en vez de rechazar su llamado.

Sobre este asunto, yo creo que las Escrituras mantienen que la iglesia es libre de actuar.

¿Lo haremos?


Esta es una traducción del Artículo “Women’s Ordination: Is the Church free to act?”

Fuente: http://www.lightbearers.org/womens-ordination-is-the-church-free-to-act/

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