La Iglesia necesita mujeres ministrando a mujeres

La Iglesia necesita mujeres ministrando a mujeres

Por Nandipa

Mi nombre no es Nandipa, pero puede ser que sea el nombre bajo el cual tú hayas escuchado mi historia. Para la mayoría de las personas, no tengo un nombre, solo son una chica que sufrió una horrenda experiencia en las manos de Samuel Pipim. Pero ahora no estoy escribiendo un llamado por ayuda para mí. Escribo de parte de cientos de miles de mujeres como yo.

Hace cinco años, cuando me convertí en una Adventista del Séptimo Día, me sentía invadida por amargura y pesadillas  porque incluso aunque me había convertido y bautizado, luchaba por entender como Dios podía perdonarme por mis pecados del pasado. Estaba buscando entendimiento, y cuando escucha hablar a Pipim, me sentí tocada por el poder y la elocuencia de sus sermones. Estaba convencida de que este era un hombre poderoso de Dios y creían que él podía aconsejarme sobre cómo lidiar con la culpa de mi pasado, yo me acerqué a él por ayuda. Él aparento entenderme y me sugirió que me encontrara en su habitación de hotel donde él me dijo que había aconsejado a otros. Allí el me violó sexualmente, me mantuvo toda la noche contra mi voluntad, y en la mañana me violó por segunda vez.

Al principio estaba paralizada con shock y horror. Sin embargo, después de un tiempo, le conté a un pastor lo que había pasado. Él me dijo que permaneciera en silencio para que así yo no dañara la obra que Dios estaba logrando a través de este poderoso evangelista. Él dijo que de acuerdo con Mateo 18, le debía escribir a mi abusador, y que el asunto debía ser manejado únicamente entre Pipim y yo. Acepté el consejo del pastor y cuando me aproximé a Pipim él me dijo que Dios lo había establecido como mi padre espiritual para el resto de mi vida. Él me dijo que solo si me mantenía constantemente en contacto con él e iba a poder recibir liberación de la depresión y  los pensamientos suicidas que estaba experimentando. Él me prometió que estaría allí por el resto de mi vida. Él me llamó su “águila bebe” y su “niñita”, mientras ondeaba sermones, citas de la escritura y  consejos espirituales en sus cartas y llamadas. Durante todo este tiempo, el continuamente me aseguraba que me amaba y oraba por mí.

Ahora, cuando leo sus cartas, me siento enojada por su traición de mi confianza. Veo como él uso inteligentes tácticas manipuladoras para silenciarme y mantenerme bajo su control emocional. Pero durante ese tiempo, era demasiado débil para reconocer su continuo abuso y entender lo que estaba pasando conmigo. Sé que puede ser difícil entender porque no pude reconocer la naturaleza abusiva de este hombre. Pero yo era una joven traumatizada atravesando un sufrimiento intenso. Me parecía fácil creer que d alguna manera mi violador era un  hombre devoto que quizás cometió un error momentáneo. Era incapaz de imaginar que él era realmente un violador serial presumiendo ser un ministro del evangelio. Se sentía irreal. Yo creía que él era mi única ayuda.

Todos respetaban a Pipim. Mientras que antes había sido una “don nadie” luchando por entender como Dios podía perdonar mi pasado, ahora él  se había fijado en mí y era valorada y amada por este poderoso hombre de Dios. Después de la violación, fue más fácil para mí acomodar las piezas del rompecabezas de la manera menos dolorosa para mí, que aceptar la dolorosa realidad.

El camino más fácil era creerle a Pipim y por lo tanto, me convencí a mí misma que las cosas estaban bien ahora. Todo lo que necesitaba hacer era perdonar y olvidar, y buscar aceptar el amor de Dios que mi abusador me seguía asegurando que estaba fluyendo a través de él hacia mí, porque yo era su hija espiritual.

En el medio de mi más oscura desesperación, cuando anhelaba morir, encontré valor suficiente para escribirle a una mujer cristiana del otro lugar del mundo. Yo había escuchado sus sermones, mensajes de esperanza, y desesperadamente quería romper mis cadenas de desesperanza. A través del ministerio de esta mujer, me puse en contacto con otros que trabajaron para ayudar a liberarme.

Finalmente gané la suficiente valentía para hablar a los líderes de la asociación acerca del ataque sexual de Pipim, pero enceguecidos por su persona pública, ellos no me creyeron. Por este tiempo, yo sabía que lo que Pipim había hecho conmigo, también se lo había hecho a otras, y temía y creía que él lo haría de nuevo. Por lo tanto, quería evitarle a otras jovencitas el dolor que yo había experimentado en las manos de este hombre. Temblando, lo grabé la siguiente vez que él me llamó.

Y finalmente ahora, después de escuchar la conversación telefónica de Pipim, los líderes de la asociación tomaron medidas y él fue obligado a renunciar y perdió sus credenciales. Durante los meses y años siguientes, he tratado de rearmar mi vida, y he sido profundamente bendecida por el apoyo y el consejo que he recibido de mujeres (y algunos hombres) del otro lado del mundo. Tristemente, sin embargo, Pipim continúa promoviéndose a sí mismo como un poderoso líder espiritual –incluso aunque sabemos que de al menos siete mujeres que han sido atacadas sexualmente, y tenemos reportes de otros intentos de abuso. Como la mayoría de las víctimas de violación, nunca he recibido ningún reconocimiento de remordimiento de mi violador por lo que él me hizo.

Sin embargo, a través de estas experiencias y el dolor que continuo sufriendo, he aprendido profundas lecciones. De hecho, mi fe ha sido probada severamente, y yo aún lucho debido a los ataques, pero sé que por la gracia de Dios ahora puedo superar lo que sea, y que el reino de Dios o está lejos. Algún día mi batalla terminará, y yo escucharé “bien hecho”.

Yo espero ir a la Universidad de Andrews para hacer un programa de maestría, para tener un nuevo comienzo y convertirme en una mejor comunicadora. Como una mujer que ha sufrido abuso, quiero ayudar a otras mujeres para que identifiquen el abuso y comprendan cómo liberarse de sus círculos de dolor. Sé que estos son sueños elevados para una chica de África, pero con Dios puede ser posible.

Creo que las mujeres en África y alrededor del mundo necesitan escuchar acerca del evangelio liberador para las mujeres. Por lo tanto nuestra iglesia también debe reconocer los infortunios de las mujeres abusadas y responder a la necesidad del cambio. Los testimonios que escuchan acerca de las gloriosas maneras en que el evangelio se está esparciendo como un incendio forestal a lo largo y ancho de África son verdad. Pero ustedes necesitan conocer el resto de la historia también.

Nosotros necesitamos desesperadamente un sistema dentro de nuestra iglesia para que las mujeres ministren a las mujeres. Esto es especialmente verdad en lugares como África y Asia, donde nosotras las mujeres estamos bajo la autoridad masculina en casi todos los aspectos de nuestras vidas. De hecho, en casi todo lo que hacemos necesitamos el permiso de los hombres. Aquellos no viven en la cultura de África probablemente no entenderán esto. En culturas como la mía, nuestros padres, hermanos, tíos y esposos toman las decisiones importantes (y a menudo incluso las pequeñas) por nosotras. Los pastores y hombres que son mayores que una mujer reciben autoridad espiritual sobre todas las mujeres, desde el nacimiento hasta la vejez. Esto significa que cuando los hombres nos dicen que tenemos que hacer algo, nuestro trasfondo cultural no nos da mucha opción más que hacer lo que nos dicen. Parcialmente es por ese que yo era tan vulnerable al continuo abuso de Pipim después de la violación.

Esto debe cambiar. Todas las mujeres en mi cultura que sufren bajo la autoridad de hombres abusivos necesitan ser educados para aprender que primero que nada, somos moralmente responsables ante Dios. Y necesitamos estar equipados con entendimiento y habilidades. Necesitamos saber cómo hacer que nuestras comunidades sean seguras para nuestras hijas. Necesitamos aprender como enseñares a nuestros hijos a amar y respetar a sus esposas, hijas y hermanas. Necesitamos ser capaces de ministrar a otras mujeres.

Es verdad, mi vida ha cambiado y he sobrevivido. Pero he hecho más que eso. Me he liberad y crecido. No importa cuando tiempo mis luchas continúen, no voy a dejar que esto me tire abajo. Sin embargo, reconozco que esto se debe mayormente a la capacidad de unas pocas mujeres que viven del otro lado del océano, que me ayudaron sin costo, invirtiendo grandes cantidades de su tiempo. Estas mujeres me hablaron y acompañaron a través de todo el proceso bíblico de sanación. Hasta este día, algunas de ellas continúan orando conmigo y permanecen en contacto, aun ayudándome en mi camino hacia la sanación.

Por lo tanto, me siento obligada a ayudar a otras mujeres como yo. Decenas de miles de mujeres dentro de nuestra iglesia tienen miedo de hablar acerca de un ataque sexual debido a la vergüenza –e incluso re-victimización- que ellas puedan sufrir. A menudo incluso pastores dispuestos y empáticos no están capacitados para ayudarnos en nuestras crisis, y debido a presiones culturales, pocos están dispuestos a confrontar a sus amigos. Es una dificultad indecible hablarle a alguien acerca de una angustia así, pero es especialmente difícil confiar en un hombre. E incluso si estamos dispuestos a hablar con alguien ¿cómo podemos sentirnos seguras yendo a habar con otros hombres? ¿Es posible que mujeres vulnerables y lastimadas pongan a hombres, que están dotados con autoridad, en posiciones de tentación al deseo cuando vamos a ellos por protección?

Como iglesia, debemos mirar el panorama general de cuan desesperadamente las mujeres necesitan que otras mujeres les ministren. El asunto del abuso sexual es solo uno de muchos. Mujeres en matrimonios problemáticos necesitan a otras mujeres que estén junto a ellas. Mujeres enfrentando depresión necesitan a otras mujeres que oren con ellas y les den aliento. Mientras que todos nosotros somos llamados a ministrar a otros, algunas formas de ministerio necesitan capacitación y tiempo.

Necesitamos un sistema mediante el cual las mujeres estén equipadas y calificadas para ayudar a otras mujeres en profundo dolor personal. Necesitamos un sistema por el cual aquellas mujeres en dolor puedan encontrar la ayuda de mujeres capacitadas. Necesitamos pagarles a las mujeres en el ministerio, e darles el poder para que detengan a los hombres que abusan a las mujeres. Necesitamos mujeres en el ministerio que nos enseñen desde nuestro nacimiento. Las mujeres necesitan aprender como pensar, como reconocer el abuso y como caminar con Dios. O modificamos nuestro sistema actual de poner personas en el ministerio, o necesitamos establecer un sistema nuevo. Y con la epidemia de pornografía y adicción sexual arrasando el mundo, las mujeres del mundo ya no pueden esperar más.

Cientos de miles de mujeres en África, Sudamérica, Asia y otros lugares del mundo sufren intensamente. Lo sé. Mi vida hubiera sido muy diferente si hubiera tenido a una mujer en el ministerio a quien podría haber acudido cuando estaba luchando con la culpa del pecado en mi vida. Yo nunca hubiera entrado en esa habitación de hotel y nunca hubiera permitido el abuso continuado. Yo no hubiera estado atrapada solo con hombres en el ministerio a quienes acudir.

Debemos enfocarnos en lo que importa. No en una ceremonia que separa a uno con autoridad sobre otros, sino en establecer un sistema que habilite un ministerio para que las mujeres y niñas de nuestra iglesia rompan las cadenas del abuso, y encuentren sanación emocional y libertad. ¿Qué podemos hacer como iglesia para separar mujeres para que ministren a mujeres? ¿Cómo podemos capacitarlas e impulsarlas para el servicio?

Hay cuestiones sobre las cuales depende la salvación de cientos de miles de tus hermanas africanas, asiáticas y de otros continentes. El silencio casi me costa la vida. Fueron mujeres devotas quienes me cuidaron después de lo que me paso a mí, una chica africana, y mujeres devotas hablaron en mi nombre. Hoy, les suplico a ustedes. No permanezcan más tiempo en silencio. No le den la espalda a nuestra necesidad.

 


Fuente: http://advindicate.com/articles/2015/7/12/church-needs-women-ministering-to-women

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *