¿Qué pensaba Elena de White de las mujeres pastoras de su época?

¿Qué pensaba Elena de White de las mujeres pastoras de su época?

Un análisis de la relación de Elena de White con las mujeres que portaron licencias ministerial entre 1863-1915

Por Eric. E. Richter

Introducción

Hoy en día muchas personas ignoran que la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha tenido mujeres pastoras desde su mismo comienzo. En el período desde el establecimiento de la Asociación General, en 1863, hasta la muerte de Elena de White, en 1915, existen registros de 28 mujeres con licencias ministeriales en los Anuarios de la Asociación General[1]. Sin embargo, este es un dato incompleto, ya que los anuarios recién comenzaron a publicarse en 1883 y en el período de 1895 hasta 1903 no se publicaron. De hecho, Bert Haloviak, que fue Director de la Oficina de Archivo, Estadística e Investigación de la Asociación General, encontró registro de una docena de nombres de mujeres que recibieron licencias ministeriales de 6 asociaciones antes de 1884[2], así que el número total de mujeres pastoras en el tiempo de Elena de White fue de alrededor de 40.

El solo hecho que la Iglesia Adventista les diera a estas mujeres licencias ministeriales nos dice que aprobaba su ministerio y no tenía problemas con que mujeres realizaran trabajos pastorales y ministeriales. Sin embargo, creo que es más interesante conocer cuál es la opinión de Elena de White sobre estas mujeres y su trabajo.

Margaret Caro (1848 – 1938), la dentista de Elena de White

La Doctora Margaret Caro fue la primera mujer en registrar como dentista en Nueva Zelanda[3]. Además de ejercer su profesión, ella era una pastora a medio tiempo en su iglesia en Napier, Nueva Zelanda. Ella recibió una licencia ministerial por primera en 1893, en el congreso de la Asociación de Nueva Zelanda; Elena de White estuvo presente allí[4]. Ella aparece en el Anuario de 1894, pág. 7 como ministra licenciada de la Asociación de Nueva Zelanda[5].

Cuando Elena de White viajó por Australia y Nueva Zelanda, entre los años 1892 a 1901, tuvo la oportunidad de conocerla. Ambas se hicieron amigas y la Dr. Caro le causó una muy buena impresión a Elena.

En una carta a Jennie L. Ings con fecha del 26 de Septiembre de 1893 Elena de White escribió:

“La Hermana Caro es una dentista superior. Ella atiende todo el trabajo que puede hacer. Ellas es una mujer alta y regia, pero sociable y amigable. La amarías sí las vieras… Ella maneja una inmensa cantidad de dinero, y usa ese dinero para educar a jóvenes para convertirse en obreros para el Maestro. Estoy muy encariñada con ella. Ella tiene su diploma como dentista y sus credenciales como pastora… La Hermana Caro no solo cumple con su profesión, sino que tiene una licencia ministerial y lleva muchas cargas en su iglesia en Napier (Nueva Zelanda). Ella le habla a la gente, es inteligente y muy capaz… La Hermana Caro gana una gran cantidad de dinero, pero nada es gastado en lujos. Ella está apoyando a jóvenes en la escuela bíblica en Melbourne (Australia) y además a algunos en América. El Señor bendiga a esta noble y desinteresada mujer”[6]

La Dr. Caro era una pastora de medio tiempo. Predicaba y participaba activamente en su iglesia, y con el dinero que ganaba como dentista daba becas a jóvenes estudiantes. Elena de White alabó su disposición para ayudar a otros, su gran capacidad y su participación en la iglesia. También alabó su habilidad como dentista, a tal punto que se hizo atender por ella, quien le saco algunos dientes[7].

Jennie Wilson (? – 1938), la mujer que hacía el trabajo de un ministro

Otra mujer que también trabajó en Nueva Zelanda fue la esposa de Gilbert Wilson, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Él fue enviado, junto con su esposa Jennie, como misionero a Nueva Zelanda. Su esposo era un ministro ordenado, mientras que ella nunca recibió ninguna licencia, aunque antes de viajar a Australia poseía una licencia como colportora.

A pesar de que ella no tenía una licencia ministerial, el trabajo que ella realizaba era pastoral y ministerial en su naturaleza.

Elena de White describe su trabajo con las siguientes palabras:

“El Hermano Colcord, y el Hermano y Hermana Hickox, y el Hermano y Hermana James de Ballarat, y la Hermana Robinson y la Hermana Wilson, están haciendo un trabajo tan eficiente como el de ministros, y en algunas reuniones, cuando todos los ministros son llamados a otros lugares, la Hermana Wilson toma la Biblia y se dirige a la congregación, y la Hermana James dice que ella lo hace excelentemente”[8]

El trabajo que Jennie Wilson realizaba no era remunerado por la Iglesia. Cuando Elena de White se enteró de todo el trabajo que Jennie y otras mujeres estaban haciendo sin recibir una paga justa por su trabajo protestó fuertemente.

“Hay esposas de ministros, como las hermanas Starr, Haskell, Wilson y Robinson, que han sido obreras dedicadas y fervientes. Han dado estudios bíblicos y han orado con las familias, y han sido tan exitosas en su trabajo personal como sus esposos. Estas mujeres dedican todo su tiempo, y sin embargo se les ha dicho que no recibirán nada porque sus esposos ya reciben un sueldo. Les he dicho que sigan adelante, que estas decisiones han de ser revisadas. La Palabra dice: “El obrero es digno de su salario”. Lucas 10:7. Cuando se tomen tales decisiones, voy a protestar en el nombre del Señor. Y voy a considerar mi deber crear un fondo con el dinero de mi diezmo para pagar a estas mujeres que están cumpliendo una labor tan esencial como la de los ministros. Este diezmo será utilizado para la misma línea de trabajo que realizan los pastores: ganar almas.”[9]

Dado que la Iglesia no les daba un sueldo a estas mujeres por su trabajo, Elena de White decidió pagarles ella misma con su diezmo. Esto puede parecer una contradicción, pues ella misma declaró: “El diezmo es para ser usado con un solo propósito—sostener a los ministros a quienes el Señor ha señalado para hacer su obra”[10]. Elena de White creía que los demás ministerios y actividades debían ser financiados por la Iglesia, pero no con el dinero de los diezmos[11]

Ella siempre advirtió que el único destino legítimo para el diezmo es para pagarle a los pastores y ministros y que “se comete un grave error cuando se desvía el diezmo del objetivo para el cual se ha establecido, que es el sostén de los ministros.”[12]

¿Cómo podemos conciliar estas declaraciones de Elena de White con sus propias acciones? ¿Acaso Elena de White era una hipócrita?

Es claro que la Hermana White creía que estas mujeres estaban haciendo un trabajo exactamente igual al de un ministro ordenado y, por lo tanto, dado que estas mujeres estaban trabajando en el ministerio evangélico era correcto darle de sus diezmos para apoyar su trabajo.

Al pagarles un sueldo a estas mujeres con su propio diezmo, Elena de White aprobaba a las mujeres que trabajan en el ministerio pastoral haciendo el mismo trabajo que los ministros ordenados, y exigía que se las reconociera apropiadamente.

Sarah Hallock Lindsay[13], la primera pastora adventista

Sarah Hallock se convirtió al adventismo alrededor de 1860 y pronto sintió un llamado a trabajar en el ministerio evangélico. Sin embargo, dudando de su llamado y su capacidad, le escribió varias cartas a la Review and Herald preguntando sobre el papel de las mujeres en la obra evangelística. Los editores la animaron a participar en la obra de llevar personas a Cristo. Animada por esas respuestas, Ella comenzó a predicar en 1867[14].

Poco antes de comenzar su ministerio se casó con un joven ministro de nombre John Lindsay, con quien trabajó arduamente en los estados de New York y Pennsylvania. Esta región había padecido de altos índices de apostasía y desánimo entre los creyentes. Pero gracias al trabajo combinado de ambos el número de conversos aumentó considerablemente.

Tanto Sarah como John recibieron licencias ministeriales el mismo año: 172, eso la convierte en la primera mujer en recibir una licencia ministerial en la historia del Adventismo. Sin embargo, aunque tanto Sarah como John tenían licencias ministeriales, era ella la que hacía la mayor parte de las predicaciones. Su itinerario estaba tan ocupado y ella pasaba tanto tiempo predicando que el historiador Brian Strayer declaró: “Este espectacular itinerario de predicaciones al público no puede ser rivalizado por ninguna otra mujer adventista, excepto Elena de White”[15]

Elena de White conoció personalmente a la pareja y estuvo con ellos en varias ocasiones. De ellos escribió:

“Dios llama a los hermanos y hermanas en Olcott (ciudad del estado New York donde el matrimonio Lindsay estuvo trabajando) que se levanten y vengan a la ayuda del Señor, a la ayuda del Señor contra el poderoso. La razón por la cual tan poca fuerza entre aquellos que profesan la verdad es que no ejercitan la habilidad que Dios les ha dado. Muchos han envuelto su talento en un pañuelo y enterrado en la tierra. Es al usar los talentos que estos se incrementan. Dios probará y testeará a su pueblo. El Hermano y la Hermana Lindsay han sido fieles portadores de cargas en la causa de Dios, y ahora sus hijos no deben retroceder y dejar que las cargas descansen tan pesadamente sobre ellos” (énfasis añadido)[16]

Sarepta M. I. Henry (1839 – 1900)

Sarepta Henry (o S.M.I. Henry como se hizo más conocida) fue una famosa y reconocida oradora en la Union de Mujeres por la Temperancia Cristiana  (Women’s Temperance Christian Union). En 1895 ella se internó en el Sanatorio Adventista de Battle Creek donde conoció el adventismo y al año siguiente se convirtió, a los 57 años de edad.

Ella recibió una licencia ministerial durante 1898-1899. Durante su corto pero fructífero ministerio ella continuó promoviendo la temperancia cristiana, la reforma pro-salud e hizo el primer intento de crear un Ministerio para la Mujer dentro de la iglesia. Este fue el primer esfuerzo en la iglesia para entrenar a padres y ayudarlos en resolver sus problemas particulares.

Sarepta Henry y Elena de White nunca se conocieron en persona pero compartieron un fluido intercambio de cartas.

Elena de White le recomendó que continuara su trabajo para la Unión de Mujeres para la Temperancia Cristiana, y que usara su influencia para compartir la verdad:

“No creo que haya alguien en nuestro pueblo con un entendimiento tan limitado que fuera a decirle a la Hna. Henry que corte sus lazos con la Unión de Mujeres por la Temperancia Cristiana. La hermana Henry puede sembrar las semillas de la verdad en esa sociedad. No es necesario que comparta todo el conocimiento que ha obtenido acerca de temas controversiales, pero puede compartir las buenas nuevas de la salvación. Entonces, cuando los corazones hayan sido suavizados por la obra del Espíritu Santo, y las murallas del prejuicio comiencen a caer, ella podrá presentar la verdad punto por punto. Este trabajo por la Unión de Mujeres tiene un lado desalentador y agotador, y debiéramos unirnos en apoyar a nuestra hermana. Solo la eternidad revelará lo que se ha logrado por esta clase de ministerio. Solo entonces sabremos cuántas almas enfermas de duda y cansadas de la mundanalidad, fueron traídas al gran Médico que quiere salvar hasta lo sumo a los que se allegan a él. Cristo es un Salvador resucitado, y en sus alas hay salud.”[17]

Elena de White no solo alentó a Sarepta Henry a continuar con su labor, sino que le declaró en unas de sus cartas que debería haber más mujeres trabajando en el ministerio: “Ciertamente debería haber un número más grande de mujeres involucradas en la obra de ministrar a la humanidad sufriente, de elevarla, educarlos a creer, simplemente a creer, en Jesucristo nuestro Salvador”[18]

Sarepta Henry murió en 1900 y su muerte fue muy lamentada por la comunidad adventista. Elena de White escribió:

“La Hna. Henry se dedicó con toda su alma al trabajo de reforma. Su influencia fue un sabor de vida para vida. Vamos a sentir la falta de su obra personal…. [Ella s]entía gozo en dar a conocer los caminos de Dios y su salvación, entre todos aquellos a quienes pudiera alcanzar con su influencia. Fue una verdadera misionera; una obrera evangélica. En los registros celestiales su nombre está escrito como una fiel obrera de Dios. No podemos saber ahora cuántas almas fueron llevadas a Cristo mediante su precioso servicio; la semilla que ella sembró continuará dando frutos, y mostrará gloriosos resultados en el día de la cosecha”[19]

Hetty Haskell (1857 – 1919), la pastora más fuerte que su esposo

Hetty Hurd era una exitosa maestra en California que no estaba interesada en absoluto en la religión, hasta que en 1884 su familia la invitó a unas reuniones evangelísticas en Oakland. Allí ella se convirtió al adventismo e inmediatamente comenzó a trabajar para la iglesia.

Ella trabajaba dando estudios bíblicos y entrenando a otros para ser obreros evangélicos. Ella trabajó para la iglesia en 4 continentes por 34 años y tuvo una licencia ministerial entre 1901 y 1919.

Hetty pasó mucho de su ministerio estando soltera, hasta que en 1897 se casó con un pastor viuda llamado Stephen Haskell. Ambos formaron un eficiente equipo pastoral por muchos años.

Elena de White mantuvo una relación muy cercana con el matrimonio Haskell y compartió un fluido intercambio de cartas con ellos.

Para Elena de White ambos trabajaban juntos en el ministerio como un equipo:

“Tú y la Hermana Haskell están unidos al hacer una obra sagrada. Ustedes tienen posiciones de grave responsabilidad… Ustedes son los obreros del Señor, trabajan junto con Él”[20]

Sin embargo, Elena siempre recalcó que ella estaba tan capacitada como él y que incluso podía hacer el mismo o más trabajo que su esposo, que era un ministro ordenado: “El Señor le ha dado a la Hermana Haskell un conocimiento de las Escrituras, de manera que cuando tú eres llamado para una temporada de descanso, ella es capaz de tomar tu lugar”[21]. Ella describió a este maravillo equipo diciendo que la “Hermana Haskell ha permanecido al lado de su esposo como una obrera fiel junto con él”[22], y que cuando el cansancio debilitaba a Stephen, Hetty continuaba trabajando porque “ella era más fuerte que él”[23].

Elena de White defendió fuertemente el ministerio de Hetty Haskell y la elogiaba por sus aptitudes y carácter cristiano. No solo en su ministerio pastoral, sino también en su ministerio educativo: “Como directora y maestra, la Hermana Haskell no puede ser superada. Ella es firme como una roca a los principios, y no tiene favoritismos. Ella ama a todos, y ayuda a todos”[24]. Elena también destacó que Hetty tenía una “rara habilidad como administradora. Ella se afianza fervientemente y no teme poner su mano para cualquier trabajo”[25]

El ministerio de Hetty Haskell estuvo marcado  por varios milagros. En una ocasión, cuando estaban realizando una campaña evangelística en Oakland, necesitaban dinero para pagar los costosos gastos que implicaba la campaña. Una mujer desconocida se acercó a Hetty y puso en sus manos dos monedas de oro, lo que sirvió para pagar parte de los gastos de la campaña[26].

Cuando Hetty Haskell comenzó a trabajar junto con su esposo, realizando el mismo trabajo en el ministerio, no recibía ninguna remuneración de parte de la Iglesia. Elena de White protestó por esta injusticia y decidió pagarle con su propio diezmo hasta que la Iglesia remediara la situación (ver sección de Jennie Wilson). Cuando la Asociación de California comenzó a pagarle un sueldo a Hetty Haskell, Elena de White escribió: “No cuestionemos el derecho que la Hna. Haskell tiene de recibir remuneración por su trabajo.”[27]

Loretta Farnsworth (1857-1933), la primera obrera bíblica.

Loretta nació en el seno de una familia de granjeros en el estado de Vermont. Ella se convirtió a la edad de diez años y a los 19 años se casó con Asa Robinson, un amigo de su hermano y futuro pastor. Fue con él que Loretta comenzó a trabajar en el ministerio evangélico. William White, hijo de Elena y James,  declaró que Loretta fue “la primera obrera bíblica en la causa”[28]. En su momento fue considerada como “una de las instructoras bíblicas más destacadas” y “sin duda, fue una de las que sentó el patrón distintivo del futuro instructor bíblico” [29]. Ella fue una pionera en la obra en las grandes ciudades y trabajó en tres continentes por más de 50 años.

A fines de la década de 1890 Loretta y su esposo Asa fueron enviados por la Iglesia para trabajar en Australia. Allí conocieron a Elena de White. Ella escribió de ellos:

“El pastor Robinson pensaba que yo debía dar mi testimonio; que se lo necesitaba grandemente. Él y su esposa fueron dejados con toda la responsabilidad del trabajo. Debían conducir la misión, dar estudios bíblicos, y entrenar a varios jóvenes y señoritas como obreros. Su trabajo ha sido pesado. La hermana Robinson empleó a una joven para hacer las tareas de su hogar, y ella está haciendo el trabajo de un ministro. Estas mujeres no han recibido paga, pero esto debe cambiar a su debido tiempo.”[30]

Es interesante que Elena de White mencione que Loretta hacía trabajos ministeriales y para poder hacerlo debía abandonar su hogar y contratar a una empleada doméstica. Sin embargo, ella no le pareció mal que Loretta deje su hogar para trabajar como “un ministro”, aunque si protestó porque ella no recibía un sueldo justo por todo su trabajo. Ella fue una de las mujeres que motivó la protesta de Elena de White y que recibió sus diezmos como sueldos (ver sección de Jennie Wilson).

Aunque Loretta estaba “haciendo el trabajo de un ministro”, ella nunca recibió una licencia ministerial. Sin embargo esto no la detuvo de trabajar para Cristo. La reputación de Loretta como instructora bíblica llegó a ser muy conocida:

“Para ella era tan natural hacer esto como lo era vivir, y aquellos que la conocieron bien declaran que ella ha sido una de las instructores bíblicas más capaces de la denominación”[31]

Después de más de 50 años de servicio, Loretta falleció en 1933. Ella trabajó hasta el mismo año de su muerte. En su obituario en la Review and Herald se declaró:

“En la muerte de la Hermana Robinson la causa ha llevado al descanso a otro de sus nobles pioneros cuya larga vida de servicio ha sido grandemente bendecida por Dios”[32]

Hattie Enoch,[33] (1857 – ?) “mejor que cualquier otro ministro del estado”

Poco se sabe de esta mujer, excepto que nació en Bélgica alrededor del año 1857[34]. En algún momento de su vida emigró a Estados Unidos, donde se casó con Marshall Enoch, quien se convertiría en un pastor ordenado de la Iglesia Adventista.

Hattie Enoch recibió una licencia ministerial por primera vez en el año 1879 de parte de la Asociación de Kansas. Curiosamente Elena de White estuvo presente en la sesión de la Asociación ese mismo año y habló “con cierta extensión sobre el tema de las licencias” [35] al comité de nominaciones el día anterior en el que ella recibió su primera licencia ministerial.

Luego de recibir su licencia Hattie continuó trabajando en el evangelismo. Ella junto con su esposo recorría el estado de Kansas con una tienda. Ambos realizaban las predicaciones, aunque pronto ella se destacó más que su esposo. Era tal el talento de Hattie como predicadora y evangelista que el presidente de la Asociación General en aquel momento, George Butler, le escribió a Elena de White:

“Entre estos están Marshall Enoch y su esposa que es una predicadora pública que trabaja con su esposo. El Anciano Cook (un ministro de Kansas que poco después se convirtió en el presidente de la asociación) piensa que ella es una mejor obrera en tales asuntos que cualquier otro ministro en el estado”[36]

J. Bowers reportó que Hattie Enoch predicó en la reunión campestre de la Asociación de Kansas delante de 250 personas, incluyendo algunos que habían viajado 100 millas (unos 160 kilómetros) en tren para poder asistir[37].

En la década de 1890 Hattie y Marshall Enoch se mudaron a las Islas Bermudas como misioneros[38]. Ellos fueron los primeros que introdujeron la verdad allí[39].

Ella abrió una escuela donde aprovechaba para enseñar las verdades del sábado. Muchos alumnos y padres se convirtieron y la escuela creció tanto que dos años después de su inauguración Hattie solicito a la iglesia que envíe a alguien más para ayudarle.

En 1924 Marshall Enoch murió[40], pero Hattie continuó trabajando en la causa.

En 1937, la revista Atlantic Union Gleaner reportó que Hattie continuaba trabajando por la iglesia a pesar de su elevada edad:

“La hermana Enoch tiene ahora 80 años de edad, todavía muy activa, aunque confinada a su casa, aun así ocupada con la escritura y la obra misionera.”[41]

Elena de White y la Ordenación

Finalizando este artículo creo que es necesario hacernos una pregunta: Viendo que es claro que Elena de White apoyaba el ministerio de estas mujeres pastoras ¿Por qué no pidió que sean ordenadas?

Es un hecho establecido que Elena de White no habló a favor [aunque tampoco en contra] de la ordenación de las mujeres que eran pastoras en aquella época.

Me gustaría sugerir una solución para esta paradoja. Siendo que el silencio de Elena de White puede interpretarse como una evidencia tanto a favor como en contra, propongo evitar la especulación y enfocarnos en la naturaleza de la ordenación.

Nosotros los “Adventistas del Séptimo Día entendemos la ordenación, en un sentido bíblico, como la acción de la Iglesia al reconocer públicamente a aquellos a quienes el Señor ha llamado y equipado para el ministerio local y global de la Iglesia”[42]. Dicho en forma simple, la ordenación es la ceremonia pública por la cual como Iglesia confirmamos que Dios ha llamado a una persona a trabajar en el ministerio, y le ha dado los dones espirituales que la capacitan para desempeñarse en ese ministerio.

De modo que para que una persona pueda ser ordenada debe cumplir con esos dos requisitos

  • Ser llamada por Dios, y
  • Recibir los dones espirituales que la capacitan.

Creo que podemos asegurar lo siguiente, sin caer en la especulación: si Elena de White creía que una mujer era llamada por Dios y que recibía los dones que la calificaban para la obra, entonces indudablemente hubiera estado de acuerdo con ordenarla.

Existen varias citas de Elena de White donde ella explícitamente llama a las mujeres a trabajar en el ministerio evangélico. Ella escribió:

“Hombres y mujeres jóvenes, quienes tendrían que estar empeñados en el ministerio, en la obra bíblica, y en la obra de colportaje, no debieran sujetarse al empleo mecánico.

Anímese a la juventud[43] a ingresar en las escuelas para obreros cristianos, las cuales deben asemejarse cada vez más a las escuelas de los profetas. Estas instituciones han sido establecidas por el Señor, y si son administradas en armonía con sus propósitos, la juventud que es enviada a ellas pronto estará preparada para trabajar en varias de las ramas de la obra misionera. Algunos recibirán el adiestramiento necesario para entrar en el campo como enfermeros misioneros, otros como colportores, y algunos como ministros del evangelio.”[44]

En este pasaje Elena de White explícitamente declara que tanto hombres como mujeres debían a entrar a trabajar en el evangelio. Ella misma hace un llamado.

En otros pasajes ella declaró:

“La experiencia así adquirida [en el colportaje] será de inmenso valor para quienes se están preparando para la obra del ministerio. Es la compañía del Espíritu Santo de Dios la que prepara a los obreros, tanto mujeres como hombres, para llegar a ser pastores del rebaño de Dios.”[45]

Este texto menciona como el colportaje, con todas las actividades que implica, es una excelente manera de preparar a jóvenes “tanto mujeres como hombres” para la “obra del ministerio”, es decir, ser “pastores”.

Elena de White también animó a las esposas de los ministros a que entren en el ministerio evangélico. Muchas de ellas aceptaron ese llamado (como hemos visto en las historias anteriores. Ella escribió:

“Hay mujeres que debieran trabajar en el ministerio evangélico. En muchos sentidos harían mayor bien que los ministros que no visitan como deben la grey de Dios.”[46]

Que Elena de White se refiere al ministerio pastoral es claro ya que compara el trabajo de estas mujeres como mucho mejor que el de los pastores negligentes.

Sin embargo, en mi opinión, el pasaje más revelador que Elena de White ha escrito sobre el tema es el siguiente:

“Los ministros reciben un sueldo por su trabajo, y eso está bien. Y si el Señor le da a su esposa, tanto como al marido, la carga de la labor, y si ella dedica su tiempo y fuerza a visitar familia por familia, abriéndoles las Escrituras, aunque las manos de la ordenación no se le hayan impuesto, ella está logrando un trabajo que está en la línea del ministerio. ¿Deberían sus labores ser considerados en balde, y el salario de su esposo ser no más que el de un siervo de Dios cuya esposa no se entrega a la obra sino que permanece en el hogar cuidando se su familia?.

Mientras estaba en [Norte]américa, recibí luz sobre este tema. Se me instruyo que hay asuntos que necesitan ser considerados. Se ha cometido una injusticia a las mujeres que trabajan tan devotamente como sus esposos y que son reconocidas por Dios como siendo tan necesarias para la obra del ministerio como sus esposos. El método de pagar a los obreros varones y no a sus esposas, es un plan que sigue el orden del Señor. Se comete un error. El Señor no favorece ese plan. Este arreglo, si se continua en nuestra asociación, predispone a desalentar a nuestras hermanas de calificarse a sí mismas para la obra en que ellas debieran involucrarse.

Se comete un error cuando la carga de la obra es dejada completamente sobre los ministros. Este plan fue ciertamente diseñado sin la mente de Dios. Algunas mujeres están ahora enseñando a mujeres jóvenes a trabajar exitosamente como visitante y lectoras bíblicas[47]. Las mujeres que trabajan en la causa de Dios deberían recibir sueldos proporcionales al tiempo que entregan a la obra. Dios es un Dios de justicia, y si los ministros reciben un salario por su trabajo, sus esposas, que se dedican tan interesadamente a la obra como trabajados junto con Dios, deberían recibir un sueldo en adición al salario que sus esposos reciben, sin importar si ellas no pidieron esto. Mientras el ministro devoto y su esposa se involucran en la obra, ellos deben recibir sueldos proporcionales a los sueldos de dos obreros distintos, que ellos puedan tener medios para usar como vean apropiado en la causa de Dios. El Señor ha puesto su Espíritu sobre ambos. Si el marido muriese, y dejase a la esposa, ella está preparada para continuar su obra en la causa de Dios, y recibir un salario por el trabajo que ella realiza.”[48]

Este pasaje claramente muestra que Dios llama y capacita a las mujeres para trabajar en el ministerio. Tal vez alguien pueda decir que este pasaje solo se refiere a las mujeres que trabajan como ayudantes de sus esposos. Pero Elena de White nunca se refirió al trabajo de estas mujeres como subordinado al de su esposo, ni en este texto, ni en los anteriores que hemos visto. Para ellas era un equipo que trabajaba en forma unida pero que estaba compuesta por “dos obreros distintos”. Al final de pasaje Elena de White explícitamente dice que si la mujer quedara sola puede continuar su trabajo en el ministerio sin necesidad de su esposo.

Otros pueden argumentar que el trabajo que aquí se describe, el de “ visitar familia por familia, abriéndoles las Escrituras” es el de una instructora bíblica y no el de un pastor. Pero eso no es cierto si consideramos lo que Elena de White quería de los pastores: “Visitad a las familias, orad por ellas, conversad con ellas, escudriñad las Escrituras con ellas”[49]. Ella definió a un pastor de la siguiente manera:

“La obra del ministros no es simplemente predicar, sino que es visitar a las familias en sus hogares, orar con ellos y abrirles las Escrituras”[50]

Considerando la evidencia disponible vemos que Elena de White creía firmemente que Dios estaba llamando a las mujeres a entrar en el ministerio pastoral de forma literal.

Conclusión

A lo largo de este artículo hemos visto que Elena de White tuvo una relación cercana y amistosa con algunas mujeres que portaron licencias ministeriales en su tiempo o que trabajaron en el ministerio pastoral sin recibir una credencial correspondiente. Pero ella siempre alentó y apoyó a estas mujeres que estaban cumpliendo la obra de Dios. Nunca, en todo su ministerio, hemos encontrado declaraciones de ella limitando o reprobando el ministerio de las mujeres. Ella siempre buscó que siempre haya más obreros, sin importar el género, en el campo de labor.

Aunque Elena de White no defendió explícitamente la ordenación de las mujeres pastoras de su época, si las consideraba como ministras en el sentido literal y estricto de la palabra. Y, en opinión del autor, si ella estuviera viva hoy en día apoyaría la ordenación de las mujeres que Dios ha llamado y calificado para el ministerio evangélico.


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Referencias

[1] Kit Watts, “The Rise and Fall of Adventist Women in leadership”, Ministry, abril 1995, 6-10

[2] Ibid.

[3] http://www.teara.govt.nz/en/biographies/2c8/caro-margaret

[4] Andrew Simpson, “The New Zeland Conference” Bible Echo, 15 de Mayo de 1893, p. 156

[5] http://documents.adventistarchives.org/Yearbooks/YB1884.pdf

[6] Manuscript Releases, vol. 9, p. 25

[7] Manuscript Releases, vol. 8, p. 85

[8] The Kress Collection, p. 129

[9] Hijas de Dios, p. 104

[10] El Ministerio Pastoral, p. 298

[11] Ella escribió: “Ha de hacerse provisión para estos otros ramos de trabajo, los cuales han de ser sostenidos, pero no por el diezmo. Dios no ha cambiado; el diezmo ha de ser usado todavía en el sostén del ministerio.” (Obreros Evangélicos, p. 239-241)

[12] Testimonios para la Iglesia, tomo 9, p. 200

[13] Su fecha de nacimiento y muerte se desconocen; tampoco existe una fotografía de ella.

[14] Josephine Benton, Called By God (Smithsburg: Blackberry Hill Publishers, 2002), 109

[15] Brian E. Strayer, “Sarah A. H. Lindsey: Advent Preacher on the Southern Tier,” Adventist Heritage (Otoño 1986), pp. 16-25

[16] Testimony to the Church, 1872, pp.  77-78

[17] Hijas de Dios, p.  129

[18] Review and Herald, 6 de Diciembre de 1899

[19] Hijas de Dios, p. 130

[20] Manuscript Releases, vol. 7, p. 406

[21] Manuscript Releases, vol. 7, p. 397

[22] Manuscript Releases, vol. 16, p. 198

[23] Ibid.

[24] Manuscript Releases, vol 3, p. 274

[25] Manuscript Releases, vol. 7, p. 255

[26] Ver Review and Herald, 14 de Febrero de 1907

[27] Hijas de Dios, p. 108

[28] Review and Herald, 11 de Febrero de 1937, p. 9

[29] Ministry, 1 de Enero de 1949, p. 16

[30] Hijas de Dios, p. 110

[31] Ministry, 1 de Enero de 1949, p. 16-17

[32] Pacific Union Recorder, 20 de Septiembre de 1933, p. 7

[33] No se conoce de ninguna fotografía suya.

[34] Atlantic Union Gleaner, 13 de Enero de 1937, p. 1

[35] Review and Herald, 12 de Junio de 1879, p. 190

[36] Carta de G. I. Butler para Elena de White, con fecha del 24 de Mayo de 1881

[37] Signs of the Times, 18 de Septiembre de 1884, p. 571

[38] Atlantic Union Gleaner, 13 de Enero de 1937, p. 1

[39] Review and Herald, 2 de Junio de 1921, p. 18

[40] Review and Herald, 21 de Febrero de 1924; Su esposo murió el 14 de Enero de 1924 en Hamilton, Bermudas.

[41] Atlantic Union Gleaner, 13 de Enero de 1937, p. 1-2

[42] General Conference Theology of Ordination Study Committee Report (Junio de 2014), p. 21

[43] En inglés youth, término genérico que abarca a ambos sexos.

[44] Testimonios para la Iglesia, tomo 8, p. 241; énfasis añadido.

[45] El Ministerio Pastoral, p. 54

[46] El Evangelismo, p. 345

[47] “Bible readers” persona que estaba entrenada para dar estudios bíblicos.

[48] Manuscript Releases, tomo 5, pp. 29-30; énfasis añadido

[49] El Evangelismo, p. 256

[50] Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh-day Adventists, p. 147

7 thoughts on “¿Qué pensaba Elena de White de las mujeres pastoras de su época?

  1. Una consulta, todas estas hnas. Fueron ordenadas por imposicion de manos? Su credenciales las habilitaban para realizar casamientos,, bautizmos , etc?

  2. “Creo que podemos asegurar lo siguiente, sin caer en la especulación: si Elena de White creía que una mujer era llamada por Dios y que recibía los dones que la calificaban para la obra, entonces indudablemente hubiera estado de acuerdo con ordenarla.”

    ¿Indudablemente?
    No estoy a favor ni en contra, pero creo que el uso inadecuado de ésa palabra ha creado conflictos desde tiempos inmemoriales.

    Buen texto, pero creo que no es una evidencia irrefutable o algo de ésa magnitud, como lo quieren hacer parecer.

  3. La unica autoridad para decidir este tema es la Biblia y no Elena de White. No confundamos la palabra de Dios con las palabras de Elena de. White, cuando Dios le mostraba algo ella decia y vi el en vision o el Señor me mostro, etc. Ella no dice eso en ningun momento cuando habla del ordenamiento de mujeres, asi que es un comentario como el mio o el de cualquiera el que ella hizo. Ademas es algo que hicieron en Australia y no En EEUU, donde estaba la Asosiacion General.

  4. La palabra de Dios es clara y mucha gente saca los escritos de Elena White fuera del contexto, para decir lo que ella no dijo, una mujer puede ensenar y ocupar un cargo ministerial, pero nunca va a ser la representante en una iglesia como el hombre a quien Jesus le a dado el pastorado, Jesus escojio 12 hombres para apostoles,lo representan a el son el fundamento de la iglesia igual que las 12 tribus de Israel son 12 hombres, tambien son los fundamentos , Cristo es la cabeza y es un hombre, la mujer se debe someter al hombre,porque la mujer peco primero,.y el hombre ocupa la representacion del sacerdocio de Cristo en la tierra, hace una funcion de guia espiritual.

    No quiere decir que se desechaen y no se les de valor a la obra de las mujeres,porque Dios a usado muchas mujeres a lo largo de la historia para llevar su mensaje, el mismo ejemplo es la Hermana White, es Dios quien da la autoridad, y si una persona siente el llamado de Dios de predicar,lo puede hacer.
    Timoteo habla de obispos ,de hombres no mujeres, al leer la Biblia veremos que son los hombres los lideres espirituales en las iglesias

    1. Hermano, noto que en su mensajes usted expresa muchos errores teológicos. Usted dice que Jesús le dió el pastorado a los hombres. Peor no hay NINGÚN pasaje en la Biblia que diga eso. Usted afirma que las mujeres no pueden ser representantes de Cristo. Pero Elena de Whie dice algo diferente:
      “Hay algunos que están recorriendo un gran círculo; pero el ministerio que el Señor nos ha dado es presentar a Cristo al mundo. Predicar simplemente la Palabra no es cumplir el ministerio. El Señor desea que sus siervos ocupen un lugar digno de la más alta consideración. En la mente de Dios, este ministerio en el que están involucrados hombres y mujeres, ya existía antes de la creación del mundo. Dios ya había determinado que sus ministros tuviesen una perfecta ejemplificación de él y de sus propósitos“. (Hijas de Dios, p. 97-98).

      Usted afirma que el hombre es el representante del sacerdocio de Cristo, pero eso es un gran error que contradice las enseñanzas bíblicas. El sacerdocio de Cristo no es ocupado por ningún hombre (eso es una doctrina católica). TODOS los cristianos son sacerdotes de Cristo:
      “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Elena de White incluso afirmó:
      “Si los hombres y MUJERES actuaran como la MANO AYUDADORA del Señor, hacienda obras de amor y bondad, levantando al oprimido, rescatando a aquellos a punto de perecer, la gloria del Señor los guardara… De aquellos que actúan como su MANO AYUDADORA el Señor les dice: “Ustedes serán llamados SACERDOTES del Señor, los hombres los llamarán MINISTROS de nuestro Dios” (Manuscrito con fecha del 17 de Enero de 1901).

      En ninguna parte Timoteo habla de obispos como hombres. En el Nuevo Testamento los puestos eclesiásticos estaban abiertos para hombres y mujeres por igual.

  5. solo busqué las dos primeras citas, o fueron inventadas por alguien o no se encuentran traducidas al español. asi que por ahora me parece parrafos falsos.

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