La unidad de Abraham y Sara

La unidad de Abraham y Sara

Por Aliyah Jacobs

Las mujeres de la Biblia son hermosas. Fluyen a lo largo de las Escrituras como una fragancia, dejando rastros de valentía con un aroma dulce a lo largo del texto. Gracias a mi linaje paterno judío, pasé algunos años en una sinagoga tradicional estudiando las narraciones bíblicas de mujeres valientes que trabajaron, lucharon y enseñaron junto a sus homólogos masculinos. En la sinagoga, los patriarcas y matriarcas: Abraham, Sara, Débora, Moisés y Miriam, todos fueron presentados de una manera maravillosa. Descubrí relaciones de unidad y comprensión del propósito que habían sido olvidadas.

Esto es particularmente evidente en un conjunto de matriarca y patriarca: Sara y Abraham, la mamá y el papá del pueblo judío. Sin embargo, cuando finalmente encontré a esta pareja en los pasillos del cristianismo, su relación fue retratada como un tipo de matrimonio de comandante y subordinado, gato y ratón, sumisión y señorío que parecía cualquier cosa menos uno de unidad y propósito compartido. Aún así, mi sincera admiración por Abraham y Sara permaneció en lo más profundo de mi corazón. Entonces, pasé un año estudiando esta relación para descubrir la hermosa unidad de Abraham y Sara.

Abraham y su familia se habían establecido en Harán. Allí, Abraham escuchó la voz de Dios que lo llamaba: “vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Dios le ocultó el destino final de Abraham e instó a este hombre caldeo a dejar atrás a su familia. Los sabios judíos dicen que un hombre nunca debe obligar a su esposa a dejar su familia o su país. Se suponía que una esposa tenía la libertad de elegir irse con su esposo. Este es nuestro primer vistazo al corazón de Sara y nuestro primer vistazo a la relación de Abraham y Sara. Dios no llamó solo a Abraham, también llamó a Sara. Ella siempre fue señalada como una parte integral del plan de desarrollo de Dios que incluía una poderosa matriarca.

En los últimos capítulos de Génesis, Dios declaró que la última simiente prometida, el Mesías, vendría del vientre de Sara. El Talmud (obras de la tradición oral judía) contiene un relato interesante de una oración que Sara hizo antes de partir de Harán hacia la Tierra Prometida. Nadie sabe si Sarah realmente pronunció esta oración, pero sí se hace eco de que Sarah dejó Harán completamente por confianza. En la oración talmúdica, Sara le recordó a Dios que había dejado el país de sus antepasados con absoluta confianza y fe. Fe en el Dios del que había llegado a conocer y fe en su marido, cuyo destino se entremezclaba con el suyo propio. En su unidad, Abraham tomó la mano de Sara y la incluyó en la decisión que tenían que tomar. No había jerarquía entre los dos; se vieron unos a otros como Dios los vio, uno en igualdad y fuerza. Sarah confió en su esposo y en su destino común, dejando atrás la única vida que había conocido y viajando con su esposo a una tierra nueva que no habían visto.

“Escúchenme ustedes, los que me buscan y van en pos de la justicia. Miren la piedra de donde ustedes fueron cortados; el hueco de la cantera de donde fueron sacados. Miren a Abrahán, su padre; miren a Sara, la mujer que los dio a luz. Cuando él era uno solo, yo lo llamé, lo bendije y lo multipliqué” (Isaías 51:1-2, énfasis agregado). En las traducciones al español, este versículo simplemente declara que Abraham era un solo hombre cuando Dios lo llamó. Sin embargo, en el texto hebreo original, se revela algo diferente. El hebreo dice “lo llame uno”, “lo”, en este versículo, en realidad es plural: “los”. Abraham y Sara eran perfectamente uno, compartiendo el estado de una sola carne que se atribuyó a Adán y Eva en el Jardín del Edén. Ellos vivieron lo que Dios había ordenado desde el principio, una separación, un compromiso y unidad, y una unidad en su llamado. Eran en esencia uno, con dos personalidades únicas y sus propias fortalezas y defectos individuales. Juntos, Abraham y Sara recibieron la primera promesa de la boca de Dios de criar juntos a la atesorada nación de fe de Dios, Israel.

Por último, hay una hermosa ilustración del amor y la igualdad de Abraham y Sara que se encuentra en Génesis 12:8, “De allí se fue a un monte al oriente de Betel, donde plantó su tienda…” Los traductores al español no entendieron el punto de esta extraña oración. En español, leemos que Abraham plantó su tienda, sin embargo, en el texto original dice, “él (Abraham) plantó la tienda de ella”. El Midrash (comentario judío) sobre este versículo afirma que Abraham honró a su esposa levantando su tienda frente a la suya. La tradición describe la tienda de Sara como un lugar de aprendizaje, un lugar donde convertiría almas y enseñaría las santas palabras de Dios. Abraham honró el llamado de su esposa instalando su tienda primero, para que ella pudiera continuar enseñando fielmente acerca de la santidad y el amor de Dios de inmediato. El pueblo judío acredita a Sara como una de las siete profetisas que profetizaron a la gente de las naciones. Era una persona única con una hermosa vocación.

Abraham y Sara amaron por fe y caminaron ese camino de fe para alcanzar su llamado final. Sorprendentemente, ¡lo hicieron juntos! A veces la duda se deslizaba, a veces el miedo se deslizaba, pero como dice el escritor de Hebreos, “por la fe, Sara misma recibió fuerzas para concebir, aunque era estéril, y dio a luz, aun cuando por su edad se le había pasado el tiempo, porque creyó que era fiel quien le había hecho la promesa. Por eso también, de un solo hombre, que ya estaba casi muerto, llegó a tener una multitud de descendientes, tan numerosos como las estrellas del cielo y tan incontables como la arena que está a la orilla del mar” (Hebreos 11:11-12).

Eran uno, un príncipe del pueblo y una princesa de Dios. Juntos, se tomaron de la mano y caminaron hacia su destino final de ser los padres de Israel y los padres de todos aquellos que creen en Dios por fe. Que su ejemplo de igualdad, fe y honor nos inspire a deshacer las ataduras de ayer y unir familias, matrimonios y comunidades en la igualdad original de la creación.


Fuente: https://www.cbeinternational.org/resource/article/mutuality-blog-magazine/oneness-abraham-and-sarah

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