La mujer anciana y la respuesta a la crisis sobre la ordenación de la mujer

La mujer anciana y la respuesta a la crisis sobre la ordenación de la mujer

Por Laura Wibberding

 

“Jovencita, ¿estás educándote para convertirte en una pastora?”, el ojo acusador se colocó sobre mi mientras estrechaba la mano de la mujer anciana. Abrí mi boca para responderle, pero aparentemente ella no estaba interesada en una respuesta. “Desearía que no lo hagas”, continuó la anciana, mientras las personas que dejaban la iglesia se apilaban detrás de ella. “No hubo ninguna mujer pastora en la Biblia. Y los discípulos de Jesús eran todo hombre. Y…”

No recuerdo cuanto tiempo ella estuvo hablando, ni siquiera qué es lo que dijo. La fila de miembros de iglesia estaba pasando alrededor nuestro, y la esposa del pastor me estaba mirando como pidiéndome disculpas. Ese día había sido presentada en esa iglesia como pastora asociada voluntaria, luego de tomar un año libre de mis estudios universitarios en teología, y se suponía que debía conocer a toda la congregación. Aproveché el primer momento en que ella hizo una pausa para respirar y le aseguré que estaba feliz de conocerla, y luego la dejé para continuar saludando a los demás.

Cerca de un mes después regresé a la misma iglesia para dar mi primer sermón allí. El pastor había avisado que estaba enfermo horas antes y afortunadamente pude cubrirlo. Esta vez me paré sola en la puerta de la iglesia para saludar a los miembros, estrechando sus manos.

La mujer anciana cruzó entre la gente y se puso frente a mí. Estrechó mi mano con la suya y dijo: “Serás una buena predicadora algún día”. Y luego, con un rápido cambio en el tono de su voz, “Pero aun así me gustaría que un fueras…” Me perdí el resto de sus palabras mientras la presión de las personas la empujo hacia adelante y otros se apresuraron en asegurarse de que no me cayera al suelo.

Un par de meses más tarde prediqué de nuevo. En esta ocasión, mi anciana amiga estrechó mi mano con sus dos manos. “Mi pequeña pastora”, dijo ella, y me dio un fuerte abrazo.

Tres años más tarde, estaba en la cocina de su casa en la zona rural de Pennsylvania. Jim era el pastor, pero teníamos un distrito con seis iglesias y yo predicaba tan seguido como él para poder cubrirlas a todas. Mi amiga Joane y su esposo se convirtieron en abuelos para nosotros allí, y eran nuestros amigos más cercanos. Pero, ella me confesó esa noche, no me aprobó desde un principio.

“Yo estaba completamente en contra de mujeres predicadoras”, ella dijo. “Pero tu cambiaste mi mente. Te escuché predicar, y cambié de opinión”.

Yo no soy una gran predicadora. Y nunca he enfrentado a los virulentos detractores que algunas de mis amigas han tenido que soportar para ser fieles al llamado que han recibido de Dios. Pero he visto discusiones de una y otra clase desde mi primer sermón y muy rara vez he visto personas cambiar de opinión.

He dialogado con un montón de personas acerca del rol de las mujeres en la iglesia. Tengo una mejor educación que la mayoría y puedo defender mi postura. He dejado a algunos confundidos con mis argumentos. Pero nunca tuve una discusión que termine con mi oponente cambiando su opinión. De hecho, solo he visto cambiar de opinión a las personas de una sola manera.

Mi primera crítica fue un caso fácil, casi risible. Pero nunca respondí sus argumentos. Ni siquiera lo intenté. Una vez que ella estuvo cómoda conmigo, sus argumentos ya no la convencieron más. Ella no era una persona intelectual. Nunca hablamos acerca de la teología del género. Lo que cambió su mente fue la experiencia.

No estoy diciendo que nadie estudia este tema cuando cambian de opinión. No estoy sugiriendo que no tomamos decisión basados en la razón. Pero sospecho que las personas no estudian lo que no están dispuestas a conocer. No consideramos una nueva idea objetivamente hasta que han dejado de ser algo repugnante para nosotros.

Desde San Antonio, en 2015, el debate sobre el rol de la mujer en la iglesia se ha convertido en uno de los temas más cáusticos y divisivos en nuestra historia. Quienes se sentían incómodos con la idea de una mujer en el liderazgo ahora se sienten moralmente obligados a no cambiar sus opiniones. Las discusiones no ayudan. En realidad, son como arrojar combustible a un incendio.

El mejor camino, tal vez el único camino posible ahora, es cambiar las opiniones mediante la experiencia personal. No se ganará nada gritándonos uno a otros ni promulgando votos y resoluciones. La única manera de ganar, es ganar a la iglesia.

Por ese motivo este artículo es un llamado a la acción. A las mujeres en la iglesia, podemos hacer algo acerca de este tema. De hecho, pueden hacer la cosa más importante. Pueden liderar.

Estoy convencida de que la solución no son palabras, sino acciones. La mejor manera de convencer a nuestros amigos y familiares de que las mujeres pueden liderar es mostrarles. Predicando, ministrando, liderando.

Lideren en cualquier lugar en donde puedan y bajo cualquier título que las circunstancias se lo permitan. Para muchas personas nada los forzará a repensar sus ideas excepto ver a una mujer liderar positivamente y con gracia.

Prediquen, si pueden. Y recuerden, si piensas que no puedes, recuerda que es un talento que puede ser aprendido. No imagines que se necesita valentía. Ofrécete como voluntaria, no esperes a que te pidan.

Dile que si a la junta de iglesia. Habla en las reuniones. Acepta el título de anciana, aunque a nadie le guste. Dale a los demás la oportunidad de ver tu ejemplo. Deja que la experiencia cambie sus opiniones.

Tal vez esto suena a poco. ¿Cómo es posible que una mujer predicando a una iglesia pequeña cambie los votos de una iglesia mundial? No lo hará. Pero miles de mujeres afectando sus propias comunidades puede cambiar la cultura de una denominación.

Si hacemos esto, si todos hiciéramos esto, en cualquier lugar o posición que pudiéramos, cambiaríamos la opinión de las personas.

No puedo hacer nada acerca de lo que pasa en los Concilio Anual es de la Asociación General ese año. Pero este asunto no será resuelto por la obra de comités, ya sean grandes o pequeños.

Por lo tanto, por favor, si quieres marcar la diferencia en el tema de la ordenación de la mujer, ora sobre esto tanto como puedas. Y luego, pon tus manos en la acción y haz lo que puedas. Esto lo que yo voy a hacer.


Fuente: http://www.theotheradventisthome.com/2017/09/the-old-lady-and-answer-to-womens.html

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